miércoles, 24 de septiembre de 2014

Rulos caprichosos



Ella, la llamaremos de una manera tan ambigua por razones de confidencialidad, y porque pronunciar las letras de su nombre duelen en la lengua (y en los dedos), se fue desluciendo desde la bocina de ese teléfono que me mira en la esquina de la habitación, y salió corriendo de mi vida mientras yo observaba sus cabellos rebeldes vibrar a sus espaldas. Quise detenerla, pero no pude, así como no pude detener a mi lengua que dijo tantas cosas. Ahora ya no recuerdo las palabras exactas, pero desencadenaron hechos irreversibles e inesperados, al menos desde mi perspectiva siempre torpe, e ingenua. Seria tedioso intentar reescribir ese dialogo ahora, bien porque podría terminar inventando una realidad paralela donde yo soy la víctima, sin serlo, o bien porque mi ya de por si ansioso cerebro me palpita desde anoche, por la falta de sueño y por la falta de temas para pensar, al grado que ahora escribo sobre todas esas cosas mientras escucho a Los planetas

Ella, frágil pedazo de mujer, hermosa hoja arrastrada por el viento de las casualidades trágicas de su vida, llena de problemas y de dudas… cabellos largos empaquetados en rulos caprichosos como su carácter, ojos transparentes, dolientes permanentes que huyen tras las lentes de esos anteojos de plástico rosa con negro. Delgada rama quebradiza, de ligera sonrisa, de nariz tan pequeña que es como un triángulo diminuto perdido entre cachetes hundidos y labios de caramelo de fresa. Besos de rompecabezas, sabor de arroz con leche. Recuerdos que se queman en mi piel que tantas veces se deslizo sobre la suya, de miradas que se fundieron tantas veces en una, de manos que paseaban juntas que jugaban juntas, que se perdían juntas. 

Sonrío mientras la describo, mientras las letras intentan componer una descripción que la defina, pero las palabras se escapan, se fugan hacia horizontes menos claros, hacia experiencias más oscuras, hacia preguntas que siempre quedan sin resolver.  Preguntas ambiguas como ¿Por qué duele así por dentro? Preguntas puntuales como ¿Por qué ahora yo no tengo perdón si a ella yo le perdone tantas cosas? Pero el amor no es juez, y ella es tan injusta.

Y escribo correos que ya no enviaré, y borro imágenes de lo que ella fue, y me pregunto qué haré con las canciones que le escribí y con los programas de radio que le grabe, que haré con las horas que le dedique, que hare con las sonrisas que le guarde. Me pregunto qué será de las caricias que le preparé, y de la paciencia que tanto le dedique. 

Necia juventud la suya, necia siempre fue y hasta que al final ganó, su postura inapelable fue la que triunfó y yo… como siempre, no me detengo, nunca me detengo, porque el pasado siempre esta hambriento y antes ya me ha devorado. No lo hará de nuevo.

J. G.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Fantasmas



A veces quisiera hablarle a los fantasmas y dormir con ellos, tocar sus blancas manos y robarles besos. Sentir por un segundo como el tiempo se fragmenta y regresar los espasmos de tantas cosas que fueron y ya no son. Respirar el aliento del recuerdo, dándole vida a lo que ha muerto, y vivir un poquito.

lunes, 11 de abril de 2011

Pre-apocalipsis Now


El sistema nos robó el futuro a cambio de un presente inhumano, escupió sobre los huesos de nuestros antepasados y cubrió sus cenizas con el polvo de la industria, con la esperanza del renacimiento tecnológico. Nos convirtió en autómatas insensibles, acéfalos y acríticos, individuos egoístas y perversos. En el afán de civilidad y progreso escapamos de nuestros inicios ancestrales y nuestro pasado “primitivo” fue sepultado. Ahora enfrentamos la guerra darwiniana, la supervivencia del más apto, el principio más primitivo de nuestra animalidad es la norma por excelencia de la supervivencia. Las leyes del mercado, ironías del razonamiento posindustrial.
El mundo se quiebra a cada paso de la humanidad, el sistema destruye su principal fuente de vida, autodestruyéndose como norma necesaria para mantenerse. La lógica de la muerte, el argumento de la escasez.  Los hombres ya no quieren ser libres, es el principio de la caída de nuestra “gloriosa” civilización. La máquina les robo la mente, les licuo el cerebro y los convirtió en engranes. La generación “X” esta cruzada de brazos mientras sus hijos heredan la muerte. Nuestra generación, la de los pre-apocalípticos es testigo del principio, el comienzo del fin.
En el atardecer del mundo, todo parece estar perdido.
J. G.

lunes, 21 de marzo de 2011

Destruir las torres


Me aterran las pausas, esas en las que el silencio de la noche parece ser el preludio de la locura, y el amanecer irradia palidez incolora. Pausas en el alma que roban la conciencia, que inundan mi corazón de una indiferencia mortal, que me dejan inerte entre pensamientos que te añoran, que te recuperan.

Los días corren desde mi ventana, tu sombra acaricia mi mano, inconsciente. Mis ojos recorren los tuyos en un ejercicio hipnotizante mientras mis labios te besan por primera vez desde mil perspectivas.

Una y mil veces repito en mi memoria los pasos correctos, las consecuencias se desvanecen en el resplandor de la posibilidad. Basta un atisbo de esperanza para decidirme. Y una sonrisa desborda mis labios.

Luego despierto de los ensimismamientos, recorro tu recuerdo por enésima vez. Cuando saldrás de tu coraza, me pregunto, cuando tendré el valor de robar la perla.
Sustraerte el alma en un arrebato de inconciencia
Arrancarte la inocencia en una explosión de sinrazón
Y derrumbar las barreras
Y destruir las torres.

J.G.

jueves, 27 de enero de 2011

Cuando ya no seas

La nostalgia me besa la nuca,
el dolor me lame los dedos,
el cielo se cierra ante mis ojos,
mientras la desesperación se cierne sobre mi cabeza.
¿A donde irá la marea, cuando la luna se muera?.
¿A donde estará la princesa
de aquel cuento cuando ya nadie lo lea?,
¿quien se quedara con las memorias,
cuando el presente llegue al fin?
cuando  dejes de sonreír
Y mi corazón ya no te vea.


J.G.

sábado, 22 de enero de 2011

Mientras tus sueños danzan

La verdad siempre resulta más aterradora que todas las mentiras que me he inventado sobre ella. Las noches de lluvia rodeado de su recuerdo, las tardes blancas contando mariposas en el cielo, las mañanas provincianas tomados de la mano bebiendo café en tarros de barro. Los susurros en código, las miradas furtivas, la imaginación a mil por hora sacando mi lado más animal mientras su cuerpo se desliza frente a mis ojos.
El futuro se desploma mientras ella simplemente es como es. Oleadas de rabia recorren mi cuerpo. Frustración envolvente que me revienta el raciocinio.  Espirales de dolor que me regresan al principio, un lugar tan conocido e inhóspito, ese donde surge la pregunta de siempre. ¿Qué será de mí si tú no puedes ser conmigo?